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Amanecer

domingo, 15 de febrero del 2009 a las 18:18
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La rueda había girado una vez mas. La mitad del mundo se sumía en la oscuridad de la noche y la otra mitad recibía al sol. Apolo, Ra. Horus, Dionisio. Jesús. Los dioses mitológicos más grandes de todos los tiempos condensados en una gran pelota de fuego. Nosotros, por supuesto, ajenos a este universo absolutamente obvio e innegable que se posa en nuestras narices como una mariposa, imperceptible a nuestra visión ya demasiado acostumbrada a la rutina. Sin resignarnos nunca a lo estúpido e incoherente de nuestras vidas cotidianas, cavando como hormigas en un fornicario, construyendo nuevas cavernas que nos enorgullecen de ser hormigas y llenan de esperanza a todos los de nuestra especie, pero que siempre terminan en el mismo lugar: los vidrios de la pecera. Y estamos convencidos que un día habremos de salir, vamos a lograrlo por que somos humanos y nuestro es el reino de los cielos. Que ironía de mierda.

Mañanas

miércoles, 28 de enero del 2009 a las 17:41
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Entre tantas cosas increíbles tengo que decir que lo que me enamoro de ella fue la sencillez de ciertas cosas. Despertarnos los domingos a las once de la mañana, hacer el amor, otra vez, y quedarnos tumbados boca arriba en su somier de dos plazas mirando el techo de su pieza.

Se podría decir que, el de su pieza, no era un techo común ya que se daba algo increíble: a cierta hora de la mañana, cuando la luz que atravesaba la persiana entreabierta proyectaba, con detalle casi perfecto, cada uno de los autos que transitaban por la calle y hasta las personas que pasaban caminando; nos pasábamos largos ratos viendo el reflejo invertido de la calle, invertido por el efecto de la luz, lo cual conformaba otra perfecta metáfora de lo que sentíamos estando juntos: nosotros estábamos al derecho y los demás estaban todos al revés.

Rosa con espinas

domingo, 18 de enero del 2009 a las 02:08
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Dijo: “sos parte de algo muy lindo en mi vida. Ni el tiempo ni la distancia van a alejarme jamás de tu magia...”, palabras que me resultaron tristemente hermosas. Reflexionando sobre esta valoración espontánea me di cuenta que lo triste era la melancolía que denotaban, la nostalgia de una separación inevitable. Era nuestro destino separarnos y eso la hacía a la vez una frase hermosa: su naturaleza brutalmente honesta. Me puso la vida en la cara y me hizo mirarla directo a los ojos. Todo en la vida se termina, así como los buenos libros o una ducha de agua caliente. Algunas cosas nos tocan con su magia, nos muestran las bellezas más puras y genuinas que somos capaces de alcanzar, y después nos abandonan. La vida es una perra hermosa, es una rosa con espinas.

Amantes

lunes, 12 de enero del 2009 a las 04:04
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Llegaba a casa del trabajo y me entretenía, viendo mis correos o algún evento deportivo en TV -esto dependía directamente de la grilla de programación-, me pegaba una ducha con agua caliente, me peinaba y me vestía. Hacía tiempo para llegar a la hora prevista ya que la puntualidad consiste en eso: llegar a la hora acordada, nunca antes ni después. Las ocho cuadras que recorría de mi casa a la suya se transformaban en un camino de reflexión, enteramente introspectivo. Todos los días elegía nuevamente estar con ella haciendo caso omiso a cualquier tipo de regla moral o mandamiento que inste a no desear la mujer de mi prójimo. Ella era mi mujer.
El camino me tomaba unos catorce minutos, ni uno mas ni uno menos. La euforia y decisión con que abandonaba mi edificio se iban pasando con las cuadras, dejando lugar para contradictorias emociones. La Cañada siempre me suscitaba nostalgia, representaba una metáfora perfecta de nuestra relación: un cauce de agua que no era ni río ni arroyo. "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" cantaba Sabina, y de esa manera añoraba pasearla por las frías calles del invierno cordobés, llevarla de la mano y besarla en cada lugar que quisiera. Caminaba pensando mucho en esto, en ella, en él.


Otro punto clave, sino decisivo, de mis repetidas caminatas era la plaza de la intendencia. En ella convivían almas solitarias y errantes con infinidad de parejas que se besaban y se tocaban.
Siempre prestaba especial atención a las parejas intentando distinguir la esencia de sus besos. Se besaban y reían, tal vez novios enamorados en la plenitud de la vida, tal vez cubiertos por el velo de impunidad con que dos amantes se pasean de la mano, clandestinos, y se besan en un banco de una plaza cualquiera.


Una vez superada la plaza la decisión ya estaba tomada nuevamente. Mis sentimientos en el último tramo del camino eran mas bien de culpa. Veía su rostro, lo idealizaba. "Es un buen tipo -me decía-, no se merece esto que le haces ché..." como si fuera yo el culpable del fracaso de su longeva relación.
Cuando me veían llegar, los comerciantes y vecinos ya no se sorprendían, éramos tres en una cama de dos plazas, lo que es muy diferente a ser dos en una cama de una.

Tiempo pasado

sábado, 10 de enero del 2009 a las 02:14
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Reflexionando sobre lo cotidiano de la vida caí en la cuenta de que generalmente pasamos todo el tiempo esperando. Ya se, que pensamiento cursi van a decir al principio, pero como todo, encierra, pienso yo, una gran realidad entre líneas. No es hasta que lo perdemos que lloramos al amor de nuestra vida, nos decidimos a abrir el corazón, correr a su puerta una madrugada de lluvia y gritarle esas lágrimas y esa opresión en el pecho. Pasamos tantas noches juntos, hicimos tantas veces el amor y tantas otras el odio, pero no es hasta que se va que abrimos el corazón. Probablemente en todo ese tiempo que compartimos estuvimos esperando el momento indicado para decir determinadas cosas, para demostrar otras tantas y para bajarle la persiana a la búsqueda casi existencial de alguien que nos acompañe en este árido desierto afectivo. Los mejores momentos de nuestra vida los vivimos recién al recordarlos. Nada es tan bueno "en vivo" como lo es cuando lo recordamos.
Juega acá también la idealización de las personas, del tiempo y de las épocas. Evidentemente no se equivoco quien dijo que todo tiempo pasado fue mejor. Es verdad. Pero yo le haría una pequeña corrección: Todo tiempo pasado es mejor. Es mejor por que cada vez que lo recordamos lo estamos reviviendo, y lo mejoramos o lo empeoramos según la "categoría" del recuerdo. El peor recuerdo de mi vida será acompañado de negativas valoraciones cada vez que lo rememore, le agregaré detalles desopilantes y hasta absurdos, en la misma medida en que van a mejorar los buenos recuerdos con el paso del tiempo, como si fueran un buen vino.
Pero esto no pasa solo en lo referente al amor. Puede tranquilamente trasladarse la misma formula a todos los ámbitos de la vida.
Veamos: Nuestro trabajo actual nunca es suficientemente bueno como lo fue aquel, con aquella gente que encajaba tanto con mi manera de ser. Con quienes salíamos de lunes a lunes, compartíamos interminables almuerzos y hablábamos de todo y de nada, todo servido en una mesa de break. Obviamente, en unos años cuando tengamos un trabajo nuevo, recordaremos al actual con un deje de nostalgia y hasta anhelaremos repetir aquellas épocas que tan gratificantes resultaron.

Lo cierto es que cada uno de los días, de las horas, minutos, segundos y momentos que vivimos cotidianamente van trazando un camino. Las elecciones que adoptamos diariamente van definiendo quienes somos, hacia donde vamos y eventualmente de donde venimos. Nunca se sabe en que instante la vida te cambia, se te da vuelta como una media usada y queda sequita y pulcra para ser utilizada nuevamente. Cuantas personas han conocido a su futura esposa en un colectivo o en la cola de un banco, cuantos han visto la patente de un Peugeot 405 y decidido jugar a la quiniela, situación azarosa que engroso para siempre su cuenta bancaria. Cuantos se han encontrado en un accidente ayudando a un moribundo y este, después de que la rueda de un par de vueltas, termina devolviendo este favor años después con un prometedor puesto de trabajo o facilitando algún burocrático trámite.

La vida es hoy. No mañana. Tampoco ayer. Es pura y exclusivamente hoy.

Malvinas

domingo, 04 de enero del 2009 a las 03:21
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En la primera escena vemos a un soldado argentino combatiendo en Malvinas. La escena no es necesariamente explicita, no se aprecian disparos en todas direcciones, cuerpos en el piso revolcándose en la sangre y el dolor. Tampoco miembros mutilados.

En la siguiente escena, nuestro protagonista esta solo. Cae la noche y los horrorosos ruidos bélicos son solamente un eco. Solo en su cabeza. Tiene tiempo para reflexionar sobre toda esta cosa de valientes. Una gesta patriótica sin igual. Piensa que es un privilegio tener la posibilidad de dar la vida por su Patria. Por su amada Republica Argentina.

 Entonces….el silencio.

 Ese silencio ensordecedor, casi acusador. La conciencia.

¿Soy realmente un privilegiado? No. No lo soy. Privilegiado fue “el tucu”…

 El tucu camina a su lado, están haciendo un reconocimiento del terreno. Súbitamente pierde un brazo. No sabe ni por que. Antes de caer desplomado atraviesan su pecho dos disparos letales. El enemigo es preciso. El tucu se retuerce en el suelo, grita horrorosamente. Podría nadar en su sangre. Claro, si tuviera brazos...

Angustia. Acceso de llanto, que por supuesto no tiene lugar en el tiempo de llegar a ser llanto. Miedo. Mucho miedo. Ira. Por ultimo la tan esperada ira se hace presente. Puede sentirla subir por su espina dorsal. Se descarga apretando el gatillo contra su enemigo. Ese enemigo invisible que vino desde muy lejos para robarle su tierra. Para ultrajar a su Patria. Aquellos pibes, piensa ahora, que solo difieren de él en su manera de hablar. En el idioma y tal vez en las costumbres. ¿Cuántos “tucus” habrán caído del otro lado? Cuántas vidas se apagan en un instante haciendo que la nuestra carezca de sentido alguno. Que inútil es todo esto. Acá no existe la compasión. Dios esta durmiendo la siesta.

No quiere que sus pensamientos caigan en lo obvio, solo aprovechar ese momento de calma. Divina calma. En unas pocas horas volverán a enfrentarse, y en el campo de batalla la vida propia es causa suficiente para tirar del gatillo. De chico solía creer que era absolutamente incapaz de asesinar a una persona. Pero es la vida misma la que se encarga de ponernos en determinadas situaciones en las nunca contemplamos estar y, es entonces, cuándo nuestro verdadero “yo” muestra los dientes.

Inmerso en una realidad tan absurda, el único cable a tierra que tenía era, por supuesto, el ego. Cuando lograba distraerse lo suficiente y, casi sin darse cuenta, soñaba con el regreso a la patria pensaba: “Somos los nuevos próceres de la nación, todo el país va a salir a las calles a recibir a sus nuevos héroes...”

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Comentarios

Rosa con espinas (Tu amiga)
El problema con las espinas es cuando las llevamos clavadas para siempre, porque eventualmente ......(04 mar)
Amanecer (Leo A. Funes)
Me gustó: lo de "fornicario". Muy bueno el remate. Tb lo de "condensados en una pelota de fuego". ......(17 feb)
Mañanas (Leo A. Funes)
Me gustó: "nosotros estábamos al derecho y los demás estaban todos al revés"....(17 feb)
Rosa con espinas (oliveira)
Gracias por tu comentario. Es alentador saber que alguien se toma dos minutos para leer lo que un ......(28 ene)
Rosa con espinas (cuare)
La  rosa sin espinas  es como la vida sin problemas. Cordiales saludos...(18 ene)

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